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oct 28

La crisis convierte en habitual la fórmula del alquiler compartido

Visto en: diaridetarragona.com

Cada vez son más los propietarios e inquilinos que alquilan o subarriendan una habitación para pagar la vivienda. El perfil del inquilino cambia y los jóvenes de entre 18 y 25 años ya no representan el grupo mayoritario.

«Se alquila habitación en piso de 90 metros cuadrados en el centro de Tarragona. Con derecho a cocina y a utilizar las áreas comunes. 125 euros al mes. Teléfono: 639…..». Carteles con mensajes como este cuelgan de farolas, semáforos y paredes de comercios y bares de toda la ciudad, como una prueba inequívoca de que la fórmula del alquiler compartido cobra fuerza por imperativo económico.

En efecto, el recrudecimiento de la crisis ha hecho florecer una práctica que hace apenas unos años parecía exclusiva de estudiantes universitarios y de inmigrantes que llegaban con muy pocos recursos y alquilaban una habitación en casa de otros inmigrantes. Pero hoy el perfil, tanto del inquilino como del arrendador’, ha cambiado.

Lo comprobamos llamando al teléfono que aparece en el cartel que abre este reportaje. Nos responde Luisa, una mujer de mediana edad divorciada desde hace dos años y que vive en el que un día fue el piso familiar con un hijo de siete años. «Tras el divorcio me quedé con el niño y la casa, pero también con una hipoteca de 550 euros al mes. Cuando estaba casada nuestra situación económica era buena y no teníamos problemas para llegar a fin de mes. Pero la separación me ha empobrecido y necesito ayuda para pagar la hipoteca. Por eso alquilo una habitación. De esta forma puedo ayudar a alguien que necesite dónde vivir por poco dinero y para mí supone un ingreso extra». Luisa busca para su habitación a una chica, y asume que alquilar una parte de su casa significará algunas renuncias. «Prefiero perder intimidad que la casa», dice convencida. De hecho, no descarta alquilar otro cuarto. «Esta casa tiene cuatro habitaciones, por lo que aún me quedaría una vacía».

Llamamos a otro cartel y encontramos un perfil diferente. Se trata de Roberto, un joven soltero que vivía solo en un piso de alquiler. Le han rebajado el sueldo y ya no puede pagar en solitario el piso. «Vivir solo se ha convertido en un lujo que ya no puedo permitirme», dice con resignación. «Así que era realquilar una habitación o volver a casa de mis padres». Y ha optado por la primera opción.

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