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nov 20

“Historias de desigualdad en el ámbito de la vivienda (I): acoso inmobiliario

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Karen vino de Bolivia con su hija hace más de 7 años, cuando la pequeña acababa de nacer. Al llegar a Madrid, las dificultades de estar en un país nuevo, con pocos ingresos y pocas personas de apoyo y sin residencia legal, les llevaron una vivienda a otra persona, pero sin ningún tipo de contrato de alquiler. Además de la renta mensual de 600 euros, pudieron entrar en el piso pagando una fianza de 1.200 euros, dos meses de alquiler. Poco tiempo después, la persona que les había subarrendado la habitación desapareció, llevándose la fianza que le habían entregado, sin poder responder Karen al no tener ningún documento legal que acreditara que ella y su hija podían habitar en la casa.

La propietaria real de la vivienda, al conocerlas, les hizo un contrato de alquiler por 700 euros. Aunque ellas trataron de negociar un precio más bajo, ya que no tenían un trabajo estable, la propietaria insistió en que no pasaba nada si no podían pagar toda la renta, ya que les permitía pagar lo que pudieran cada mes. Tal y como temía Karen, los ingresos dejaron de llegar, y no pudieron pagar el alquiler íntegro durante varios meses. Coincidiendo con esta situación, la familia empezó a recibir cartas anónimas, que incluían amenazas e insultos que tenían que ver con su condición de mujeres e inmigrantes. Especialmente dolorosas eran las amenazas a la menor de la familia. Las cartas se repitieron durante meses, unidas a visitas inesperadas de la propietaria cuando la familia no estaba en la vivienda o llamadas al timbre de la casa a altas horas de la noche.

Karen presentó varias denuncias de esta situación, sin que estas le ayudaran a clarificar quiénes eran los responsables de estas situaciones de acoso. Tras varios meses de malestar, y tras la de mediación de Provivienda, se consiguió llegar a un acuerdo con la propietaria, en el que Karen aceptaba abandonar la vivienda y hacer frente a la deuda acumulada a plazos. Las cartas anónimas con amenazas se producen hasta la última semana antes de abandonar la vivienda.

Actualmente Karen y su hija comparten una habitación con Flora, amiga de la familia. Entre las tres, consiguieron alquilar una habitación tras meses de búsqueda. En este caso, las redes de Karen le permitieron encontrar un techo, algo que, desgraciadamente, no pasa en todos los casos.

*Si has sufrido un caso similar al de Karen o crees has experimentado discriminación en el ámbito de la vivienda, ponte en contacto con nuestro equipo del Programa de Promoción de la No Discriminación residencial de las personas inmigrantes de Provivienda.

Enlace permanente a este artículo: http://www.provivienda.org/historias-de-desigualdad-en-el-ambito-de-la-vivienda-acoso-inmobiliario/

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